lunes, junio 27, 2011

La ciudad sin nombre

Hace unos días me presenté a un concurso de cuentos ilustrados, una ilustración y un cuento que no ocupara más de una hoja. Ya han salido los finalistas, y no estoy entre ellos, así que lo cuelgo aquí para que lo podáis leer. Espero que os guste.

Si queréis ver los finalistas y votar, aquí los tenéis



LA CIUDAD SIN NOMBRE

No muy lejos de aquí, entre dos hermosas y verdes colinas, existe una pequeña ciudad llamada ‘La ciudad sin nombre’. Sus habitantes son conocidos por sus cualidades, que además determinan la actividad de cada cual en la comunidad. Así, tenemos al Señor Larguirucho, que con su gran altura se encarga de podar los árboles y rescatar a los gatos que se suben a los tejados. El Hombre Divertido lleva la radio local, y todas las mañanas anima a la gente con su programa. La Señora Harina hace los mejores bollos del reino que el Chico Veloz reparte corriendo de casa en casa. La Señora Gobernadora dirige la ciudad con su gran capacidad de liderazgo, y es seguida muy de cerca por los Hermanos Lacayos, dos gemelos que aprueban y veneran todas sus decisiones. De esta manera podríamos seguir enumerando a los habitantes de La ciudad sin nombre que cubren las necesidades diarias de la ciudad porque todos tienen un cometido. ¿Todos?…Todos no. Entre toda esta gente hay un pequeño niño que todavía no sabe qué se le da bien. No tiene una cualidad especial que le defina, y por más que intenta destacar en algo, solo pasa desapercibido porque ni siquiera tiene apodo.
Un buen día, llegó a la ciudad un importante comercial. Atravesó las calles con su flamante deportivo, llegó hasta el ayuntamiento y desapareció tras la puerta principal cargado de carpetas y planos enrollados.

A los pocos días, la Señora Gobernadora reunió a todo el pueblo en la Plaza Mayor:
¡Vecinos de la Ciudad sin nombre! - gritó la Gobernadora desde un púlpito- Os comunico que se va a instalar una nueva fábrica en la ciudad. Una enorme fábrica de cajas que dará mucho dinero a nuestra localidad. -La gente observaba, expectante- Mañana mismo comenzará la obra. La fábrica se ubicará a las afueras, a la orilla del río, en el Bosque Frondoso. -La gente empezó a murmurar, desconcertada, pues ese bosque era muy querido por todos- La decisión está tomada, siempre y cuando no haya alguien que opine lo contrario…
El silencio más grande llenó la plaza mayor. Nadie se atrevía a decir nada hasta que, de repente, surgió una pequeña voz: ¿Por… por qué queremos talar esos árboles? - ¡Era el Niño Sin Apodo! - ¿Adónde irán los pájaros y ardillas del bosque? ¿Y los peces del río? ¿Querrán tener una fábrica tan cerca?…Además, a mucha gente le gusta pescar allí, ¿no? ¿Y las fiestas del pueblo? Siempre las celebramos a la orilla de ese río…Y nosotros ¿qué sabemos de hacer cajas? Y… y ¿para qué son las cajas?
De repente todo el silencio se convirtió en murmullos y corrillos de opiniones. Incluso la cara de la Gobernadora se llenó de una enorme duda. Está bien, está bien, ¡silencio! – gritó la Gobernadora- Ahora todos vemos la situación desde diferentes puntos de vista… Mañana nos volveremos a reunir para ver si queremos abrir o no la fabrica…
Sin embargo al día siguiente no solo se votó acerca de la fábrica, sino que a partir de ese día todos los habitantes coincidían en la necesidad de llamar a ese niño por la cualidad que había demostrado, de ahí en adelante, sería el Niño Duda. Y fue nombrado consejero oficial, ya que con sus dudas era capaz de ver todo desde un mundo diferente.

1 comentario:

Tristana dijo...

Hasta que un buen día el Niño Duda desapareció misteriosamente...

Je, je. Harían falta muchos niños y adultos así pero a mucha gente mientras le den para comprarse un coche nuevo les da igual que les pongan una fábrica o una central nuclear